A las preguntas repetitivas de Flor de Canela hay que unir sus dudas y temores.
Si tardo en servirle la comida, me mira con cara de espanto y se pone a llorar porque piensa que no le voy a dar de comer (la comida es algo muy especial para ella).
Si estamos en la calle y por unos segundos no nos ve, echa a correr en cualquier dirección pensando que nos hemos ido sin ella, porque la hemos olvidado.
Si le mando a la cama sin darme cuenta de que no se ha despedido y besado a su padre, llora inconsolablemente porque piensa que no quiero que esté con su padre.

Si llego dos minutos tarde a recogerla al colegio, está lívida y furiosa.
Si no le digo buenos días y la apachurro a besos según se despierta, deja de respirar a causa del temor que siente porque se imagina que algo ha pasado y estoy enfadada con ella.
Si estamos viendo fotos y hablando de cuando era pequeña, me mira espantada y me pregunta por qué le doy un beso a su foto si está ella ahí mismo en carne y hueso... ¿ya no la quiero? ¿prefiero a la niña de la foto, que es ella misma?
Si nos montamos en el coche y ella se entretiene, cuando nos ve viene gritando asustada porque piensa que vamos a irnos sin ella.
No me acostumbro a que mi hija siga dudando de nosotros, de su padre y de mi.
Sakura o Shuka o 朱華… no puedo decir con seguridad cual es el nombre de esta ilustradora de sueños.
Sus ilustraciones no son fáciles de mirar, necesitan un tiempo de silencio y de observación. En un primer momento me ganó su paleta de colores tan rica y trabajada… colores sólidos, bien enlazados… vivos, matizados y luminosos. Luego fueron surgiendo los objetos, los símbolos mitológicos, religiosos, la naturaleza bella… el movimiento suave … las jóvenes abstraídas en sí mismas… Al final la escena cobra perspectiva, volumen.. y surge la historia.













