25 febrero, 2012
Objetos de cariño
Esta semana ha estado llena de acontecimientos. Primero me caí y tengo el brazo en cabestrillo. Y Flor de Canela se marchó el miércoles a la granja escuela para estar tres días.

Desde hace seis años no había estado un día sola. Han sido días extraños con mi brazo y cabeza doloridos por el golpe, sin ir a trabajar, el silencio, la soledad, el no tener que ocuparme de nada, ni de nadie, la incertidumbre…
Hoy a las cinco y media han vuelto. Ha regresado feliz, radiante, según sus palabras “los mejores días de su vida”. Han hecho de todo: limpiar las cuadras, dar de comer a ocas, patos, gallinas, han montado a caballo, han hecho papel, le ha escupido la llama, han estudiado las propiedades curativas de las plantas, han vivido durante un tiempo como se vivía hace cien años…
El objetivo de estos días es la inmersión lingüística en euskera. Y no sé si el euskera ha salido reforzado pero mi hija ha venido feliz, llena de sí misma. También ha llorado, le han pegado, le han castigado por empujar… y me ha echado de menos.

Para estar cerca la una de la otra intercambiamos dos objetos de cariño: mi lauburu (que tiene más de treinta años y una larga historia) y su llamador de ángeles.
P.D.: Estas fotos tan… se deben a que el lauburu me ha arrastado hacia una epoca ya muy lejana… y ha despertado mi nostalgia.
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