31 mayo, 2012
Con los ojos cerrados… Chan Yee Von
Con sus ojos cerrados las niñas de Chan se lanzan a aprehender el mundo.
29 mayo, 2012
La luna… Sam Hyuen Kim
De nuevo la noche. El ilustrador Sam Hyuen Kim se pierde en la oscuridad de la noche… sin embargo, su noche no es solitaria, está habitada por la luna.
Sam Hyuen Kin es un ilustrador nacido en 1971 en Corea que aspira a ser un narrador de historias con sus ilustraciones.
Su forma de trabajar es artesanal, porque lo que más valora este artista es el esfuerzo personal… cada trabajo le ocupa más de cuatro meses… no tiene prisa… sus ilustraciones tienen varias capas de pintura, hasta que encuentra el color deseado, y le gusta añadir una capa de sal a su trabajo buscando una textura adecuada y que más convenga a la historia. Así trabajó en su cuento “Mi nombre es” (primeras ilustraciones), su trabajo más conocido. Su trabajo es duro y bello.
Otras noches:
Maki Horanai
Daniel Danger.
28 mayo, 2012
Exploradoras… Melissa Haslam
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Melissa Haslam se graduó con una Licenciatura en Informática (Tecnología Multimedia) de la Universidad de Deakin en Melbourne, Australia.
Sin embargo, después de trabajar en los gráficos por ordenador durante unos años se encontró ante su deseo de desarrollar sus habilidades creativas y volvió a la escuela a estudiar Artes Visuales en RMIT, centrándose en la pintura y el dibujo.
Con un énfasis en el tema narrativo y en una visión romántica, escapista del mundo, sus cuadros están poblados por hermosas mujeres adolescentes en escenarios de cuento de hadas, lo que le permite explorar la etapa de transición entre el juego inocente y la psique adulta.
Sus influencias hay que buscarlas en los dibujos botánicos, los prerrafaelistas, ilustración japonesa y la fotografía de moda contemporánea.
Dice: “la inspiración viene de todas partes. De ir a ver exposiciones de arte o de salir a caminar y buscar en los pueblos y en sus jardines”.
27 mayo, 2012
Admirados pintores
Guorun Wen – 郭润文
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Yang Shibin 杨世斌
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Zhang Lianrui (张连瑞)
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Xu Tianli (徐天离 )
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Xie Yousu
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Du Yingqiang
25 mayo, 2012
Tengo hambre y no lo sé.
Miren masticaba con placer el último bocado de la cena… pero no se lo tragaba lo dejaba debajo de la lengua. Solo cuando al día siguiente su madre le daba el desayuno se tragaba ese bocadito tan bien guardado. Y así hizo durante muchos meses. Miren tenía dos años cuando llegó a su familia.
Argine besaba la fruta, las galletas… mientras saltaba, bailaba, gritaba y reía de felicidad. Guardaba en una bolsa todo lo que le gustaba y se paseaba con ella por casa. A veces, había tantas cosas en su bolsa que no podía con ella. No la soltaba ni un momento.Y la defendía con uñas y dientes. Llegó con casi cuatro años.
Ander tenía una red de escondites donde guardaba comida que cogía de la nevera, de encima de mesa, de cualquier sitio…. tenía cuatro años y tenía tantos nidos para su comida que los olvidaba y su madre encontraba comida podrida en cualquier rincón.
Flor de Canela en su cuna, a la hora de dormir prefería las naranjas a los peluches y se dormía rodeada de naranjas por las que sentía una pasión y admiración ilimitada.
A Gorka sus padres le llenaban el plato hasta casi sobrarse . Aun así en cuanto su hermano, o alguno de sus padres se daba la vuelta o no miraba, metía la cuchara en el plato vecino y con la rapidez del rayo robaba una cucharada de sopa o un trozo de lo que fuera. Lo mismo hacía en el patio del colegio con sus compañeros.
Nerea tenía siempre los bolsillos abultados. Galletas y más galletas los llenaban… galletas que nunca comía. Galletas rotas, pulveriadas en miguitas… no había bolsillo que no estuviera rebosalte de galletas… y no había manera de que sacara alguna de sus miguitas adoradas. Tenía dos años.
Leire comía y comía. Lo suyo, lo que los demás no querían, lo que pillara… Parecía no saciarse. Parecía no poder parar de comer.
Irati, se lanzaba sobre el plato, comía con las manos. Era féliz cogiendo con los dedos la comida y llenándose los dos carrillos. Su madre no podía soportar esta forma de comer y le retiraba el plato como castigo… los llantos de la niña se oían desde la calle. Irati llegó a su familia con cinco años.
Tiempo después todos estos niños normalizaron su relación con la comida… todos ellos son “buenos comedores”, así decimos por estas tierras de los niños que da gusto verlos comer, porque disfrutan comiendo y todo les gusta.
Aún así, en ocasiones cuando Flor de Canela está cansada y tiene hambre… la sensación física de hambre le resulta tan perturbadora que se convierte en Emoción.
Una emoción violenta, incontrolable e inconsciente que puede acabar en una llantina, en un ataque de ira… o en cualquier cosa desproporcionada e inmanejable… No pasa nada… tan solo que no sabe reconocer que tiene hambre, y percibe esa sensación con angustia y hasta con desperación, como una seria amenaza. Mi hija no sabe que hacer con esa temible y maldita sensación del hambre.
No podemos olvidar que seguramente el hambre (y todo lo que conlleva) les acompañó noche y día durante todo el tiempo que estuvieron institucionalizados. Creo que hay vivencias que se quedan grabadas en la psique y el cuerpo… y sin duda el hambre es una de esas vivencias.
Cuando tenía tres y cuatro años… no veíamos mas que una niña enfurecida sin motivo aparente. Unas veces le reñíamos, otras le ignorábamos…
Un día tuvimos la suerte de reconocer el hambre detrás de estas actitudes desproporcionadas…
Ahora que lo sabemos, es más sencillo saber qué hacer… Tan solo hay que tranquilizarla, asegurarle que hay comida para ella, que la vea, que esté a su alcance… le ofrecemos algo para comer… a medida que se tranquiliza le hacemos ver que lo que siente y le lleva hasta la desesperación es “tan solo” hambre y que en cuanto empiece a comer se le pasará.
- ¡Vaya cómo he llorado por nada¡ parecía una catarata ¿a qué si mami?.- me dice despues de comer y mientras se acaricia la tripa.
- ¡Por nada no¡ has llorado del hambre que tenías.
- Si… es que tenía un haaaammmbreee..
Ilustraciones de Rie Nakajima (中島梨絵)
24 mayo, 2012
Doce síntomas de despertar espiritual
Reblogueado desde TODO EL ORO DEL MUNDO:
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1. Tendencia creciente a dejar que las cosas sucedan en vez de hacer que sucedan.
2. Risa y sonrisa frecuentes.
3. Sentimiento de unión con los demás y con la naturaleza.
4. Incontenibles sentimientos de agradecimiento.
5. Tendencia a pensar y actuar espontáneamente,
sin considerar el temor derivado de pasadas experiencias.
6. Inequívoca capacidad de gozar cada momento…







































































































