Cuando llegó Flor de Canela su pediatra no quiso seguir el protocolo establecido por el Gobierno Vasco para niños de adopción internacional . Así que cuando descubrimos algunos problemillas médicos en nuestra hija no sabíamos si venía con ellos o surgieron aquí.
Mi Centro de Salud siempre está limpio, relimpio. Es nuevo. Madera y cristal. Me gusta el diseño. Es cómodo, sin barreras arquitectónicas. Los pasillos los recorre un friso-mural-collage multicolor que me encanta. Desconozco el autor.
Cuando cambiamos de pediatra nos tocó un médico de familia (Los pediatras escasean) que lo ignoraba todo sobre niños, que leía entre consulta y consulta Juan Salvador Gaviota y libros de homeopatía. Fueras a lo que fueras salías con tres o cuatro recetas… y un antibiótico no podía faltar.

Mi Centro de Salud tiene unas dimensiones proporcionadas a nosotros, seres humanos de todas las etnias, una luz y una temperatura adecuadas. Siempre hay una música de fondo que entretiene y no molesta. Todos te saludan. Nadie está quieto, todo está en movimiento.
Cuando llegó Marisol, una pediatra que llevaba años en Urgencias en el Hospital, fuimos felices. Es una médico con una mente científica, de las de “ver para creer” (por ello algunos temas mejor callar), concienzuda, seria tirando a antipática, accesible. Le puedes llamar por teléfono cuando lo necesitas y ella te llama si lo considera necesario. Sigue al pie de la letra los mil protocolos médicos-pediátricos y rara vez te manda un antibiótico. Nos ha enviado a todo tipo de especialistas y no para hasta que comprende que le pasa a tu hija.
Mi Centro de salud se colapsa con frecuencia. Cada vez que vas un pasillo ha sido acortado o ha desaparecido porque se ha habilitado para una nueva sala de consulta. Se me olvidaba decir que hay un malas pulgas y eficiente administrativo y una encantadora y poco eficiente administrativa.

“Estoy que no se ni lo que hago”"Estoy agotada, no damos a vasto”"Estamos colapsados”"Así no se puede trabajar”"Cada día nos encargan más trabajos y responsabilidades”… son cosas que se le escapan a mi médico de familia. Marimar es una mujer de unos sesenta años, pintora además de médico. De su consulta sales con remedios viejos y caseros, medicinas convencionales y unos cuantos consejos. Su consulta es alegre y vital con sus cuadros expresionistas de colores vehementes y trazos impulsivos y entusiastas”.
He presentado varias quejas y reclamaciones. Me han contestados unas veces pidiendo disculpas, otras enviándome finamente a freír espárragos.
Me gusta mi centro de salud aunque no es perfecto y hay médicos buenos y menos buenos. Me gusta mi pediatra, mi médico de familia y la enfermera que me corresponde. Y si por mi fuera les subiría el sueldo, les enviaría a todos los cursos de reciclaje que solicitaran y escucharía todo lo que tienen para decir… saben de qué hablan. Son profesionales de la salud que han elegido la medicina pública, que consiguen que las cosas funcionen.
Pero como funcionarios que son les han bajado el sueldo y los otros recortes están afectando a todos y cada uno de los servicios de mi centro de salud.
Se que no vale para nada pero quiero dejar por escrito mi apoyo a Mi centro de salud y a la sanidad pública.