Cuaderno de retazos

25 diciembre, 2017

Un paseo y un regalo sorpresa

Filed under: Sin categoría — cuadernoderetazos @ 13:02

El último  viernes antes de Nochebuena en nuestra ciudad se celebra la noche de las nochevelas1velas. La parte antigua   ilumina sus calles,  plazuelas y  rincones más oscuros con pequeñas velas que los comerciantes colocan en el suelo y en los alféizares de  las ventanas.

Este viernes le propuse  a mi hija, Canela, salir conmigo a recorrer las calles de la parte vieja, sin finalidad, sin destino… solo pasear siguiendo las candelas. Y para mi asombro aceptó a la primera. Sin sus habituales exclamaciones y preguntas adolescentes de…  ¿y para qué vamos?… ¡jooo¡… ¿ahora? y porque no otro día…  ¡Vete tú¡ ¿cuánto tiempo vamos a estar?  ¡Vaya planazo, qué rollo¡

Si. Aceptó sin más. Esperamos el anochecer recorriendo tiendas y buscando los últimos regalos. Cuando se hizo de noche nos fuimos a la parte vieja,  recogimos unas velas  y nos dejamos guiar por las lucecillas cálidas y frágiles de las lamparillas.

Recorrimos las calles. Ella con su vela en las manos iba encendiendo las luces que el frío viento había apagado. Yo con mi cámara de fotos. Somos las dos de poco hablar, así que la mayor parte del tiempo andábamos en silencio, cada una en su mundo. Cuando ella se paraba, la esperaba. Y ella me esperaba paciente cuando me paraba yo para fotografiar algo.

Acabamos el paseo cenando en uno de sus sitios preferidos.

Cuando volvíamos para casa, Canela rompió su siempre misterioso e inquietante silencio para decirme : ¡Ay mami, que bien me lo he pasado, qué a gusto estoy  contigo. Me abrazó y me besó una y otra vez.

Me quedé tan sorprendida que no me salían las palabras.

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Si, todo esto es una tontería y una cursilería… no digo que no… aún así,  diré que cuando tu hijo llega a ti por adopción, tienes que ganar su confianza, su amor cada día… y a poco que observes, a poco empático que seas  descubres en él un vacío oscuro. Y esa oscuridad, grande o muy pequeña,  devora todo lo que como madre  le des y el vacío continua… dudas de si lo que das a tu hijo es  suficiente o adecuado… Lo es… solo que esa oscuridad continúa, desconcierta y duele.

Cuando llega la adolescencia ese vacío te asusta y ya no sabes que ofrecerle… Hasta que descubres   con temor que ese agujero oscuro y lleno de sombras y monstruos  es suyo, bien suyo y que nada puedes hacer por llenarlo. Sin embargo, si puedes hacer algo… estar ahí, junto a él, siempre, entiendas o no entiendas esa oscuridad. Solo estar, acompañar y apretar los puños, cerrar los ojos  cuando las  sombras desborden el agujero, nos envuelvan y parezca que ahí acaba todo. Resistir y continuar.

Las  palabras de mi hija han sido mi mejor regalo de Navidad. Soy mayor, viejilla quiero decir, y quizás por ello  prefiero la tenue y frágil  luz de una vela a cualquier otra luz.

           Os deseo de corazón una buena Navidad.

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