Cuaderno de retazos

16 diciembre, 2016

Una fotografía

Filed under: Adopción — cuadernoderetazos @ 14:43

Quiero imprimir esta foto que tenía  por ahí. No la quiero perder. Es una fotografía sin más. Unas tazas de café con sus platos decorados con unas rallitas marrones. Esta imagen recoge algo que hace unos años era cotidiano… y que había olvidado. Refleja  el bar donde tomaba café, mientras esperaba  a que mi hija saliera del colegio los días de frío, un día cómo hoy, por ejemplo. Pasaron los cursos y  cambiamos de colegio. Ya no he vuelto a entrar en ese bar. Sigo yendo a las tardes a buscar a mi hija al colegio, aun estando en primero de la ESO… por puro placer.

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Mirando la foto me llegan imparables imágenes de aquel primer invierno con Canela. ¡Con que expectación esperaba que saliera del colegio¡. La emoción   me llevaba a ir veinte o treinta minutos antes de la hora de salida. Recuerdo que no existía nada, ni nadie. Todo a mi alrededor era brumoso, solo mi hija aparece  a todo color y olor: nuestro abrazo de reencuentro,  la mochila verde, el  pelo  mal cortado, su mirar vigilante, desconfiado y  desafiante… quizás por este ver exclusivo no llegué a conocer  a otros niños y padres hasta un par de cursos después.

Me gustan las fotos, porque me llevan por otros caminos de la memoria a  instantes sencillos. Esos momentos  que se disuelven, como azucarillos, nada mas ser vividos. Aunque, quizás, ahora que lo pienso, esos instantes tan sencillos como intensos y olvidados sean  los que nos ayudaron, a ella y a mí,  a reconocernos, aceptarnos y unirnos. Pienso que ante esta taza de café se reforzaba, sin ser consciente de ello,  mi  proceso de vinculación con Canela.

Al fin de cuentas la vida son muchos pequeños momentos que olvidamos al poco de vivirlos.

 

20 junio, 2016

¿Me cuentas mi historia… otra vez?

Filed under: Adopción — cuadernoderetazos @ 13:29

Cuando mi hija me preguntó  si me hubiera gustado tener otra hija, le respondí que sí. Su siguiente pregunta me hizo pensar más. ¿Una hija de tripa o  de adopción?. Uff¡ espera que  piense y que sienta tu pregunta. Se me pasaron por la cabeza  imágenes y más imágenes de estos últimos trece años… casi todas  malas, así soy de negativa.  Aún así,  me salió desde  dentro el decir “De adopción, creo que repetiría la adopción”. ¿Por qué duele menos? ¡Vaya pregunta!  No, no porque no haya parto…  Si no porque creo  que tener una hija de adopción, entre otras muchas cosas,  es una gran aventura… ¿Otra vez?.  ¿quieres que te cuente todo el proceso? 

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Dormir o contar. Aunque llevo a rajatabla el que duerma lo suficiente y esto se iba alargar… empecé a contar el proceso previo a su adopción, pero esta vez, pensé hacerlo  de otra manera. No como a una niña pequeña.

La médico de cabecera no quiso hacer el informe médico. No se por qué, me dio unas explicaciones burocráticas que no me convencieron nada. Y sin el informe no podía seguir adelante. Todo detenido durante días. ¡Vaya mal que lo pasé!. Al final  lo hizo la prima Ana, sin problema. ¡Por supuesto  que me cambié de médico!

Los que habéis adoptado ya sabéis lo que supone. Para los que no os diré que lo peor del proceso adoptivo  no es todo lo que hay que hacer a nivel burocrático, que es mucho… lo peor es la espera  y la incertidumbre de no saber nada… nada de tus papeles, nada de tu proceso, nada de cuanto hay que esperar (¿Un mes, un año… seis años?)…  Mi hija empatizó con mi espera al momento… no olvido que,  al otro lado de ese esperar nuestro , estaba ella y su espera.

Espera. Papeleo. Asignación. Viaje… .Algunas cosas del proceso  le sorprendieron, otras nos hicieron enfadar y  reírnos a carcajadas, y otras nos llenaron los ojos de lágrimas. Veía cómo mi hija disfrutaba conmigo  de su/nuestra  historia de adopción.

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Escribir una leyenda

 

Lo que más le importaba a mi hija era saber  que pensé de ella  cuando la vi.

Le conté mi sorpresa cuando por un resquicio de la puerta la vi venir por   el largo pasillo, cogida de  la mano de una cuidadora. Describí su entrada en la sala y en mi vida con todo lujo de detalles… su ropa, lo que llevaba en sus manos,  como el universo se detuvo cuando le miré a sus ojos por primera vez… le hablé   de mi desconcierto, de mi no saber que hacer, de mis miedos…

…Y entonces la cuidadora te empujó hacia mí, diciéndote esta es tu madre. Tu, lógicamente, me miraste  de arriba abajo,  y seguro que pensaste algo así como ¿pero quién es esta mujer tan rara? Lo tiene claro si piensa que voy a ir con ella. Luego me ignoraste y saliste corriendo. Traté de ganarte con un chupa chups… lo cogiste, me miraste a la cara unos segundos con esos ojos tuyos t tan misteriosos y … si te he visto no me acuerdo. Te fuiste, de nuevo, corriendo. 

Estaba asustada  porque no tenía ni idea de que iba a hacer contigo, cómo iba hacer para que me entendieras, para lograr que me aceptaras… que me quisieras… ¡Si, me lo pusiste difícil y muy fácil¡. Ya se que es una contradicción pero así fue.

La historia siguió durante un rato más.

Al final, lloramos, nos abrazamos y nos dormimos.

Pinturas de Wang Yi Guang (王沂 光), uno de mis pintores favoritos.

11 mayo, 2016

¿Somos padres de segunda para nuestros hijos?

Filed under: Adopción — cuadernoderetazos @ 13:54

Últimamente tengo la suerte de que llegan a mi opiniones de jóvenes y adultos adoptados. Me interesan todas y cada una de estas opiniones, y todas y cada una de las formas de sentir.

Me interesan porque quiero seguir aprendiendo como madre y como persona.

Estas opiniones son variadas, enfrentadas en muchas ocasiones. Junto a quienes rechazan el llamarnos padres y prefieren utilizar términos como adoptantes, usurpadores y ponen el acento en el tráfico de niños, adopciones ilegales, en el secretismo y el rechazo de los padres adoptivos a sus orígenes… y sienten el hecho adoptivo como una aducción que hiere y de la se te tienen que sanar…

…Están los que consideran de forma sencilla que sus Únicos padres son los Adoptivos y se sienten desconcertados cuanto algunos padres adoptivos hablan en estos términos: ‘le doy gracias a la madre de mis hijas’, ‘Gracias a esa madre mi sueño se hizo realidad’.

Estos jóvenes se sienten unidos a su familia adoptiva, y son la única familia que reconocen y aceptan como tal. La familia biológica ahí está, lejos de su realidad vital. Les ofrecen su respeto y su agradecimiento, aunque no sienten que nada les una a ellos. Y de ninguna manera les consideran padres, porque padres son los que les han criado y están junto a ellos, en las duras y en la maduras.

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Entre los primeros, que muchos llaman los adoptados enfadados y los otros, los happy (¡qué vivan las etiquetas¡) hay una mayoría que calla.

Y, como no, escuchando a todos estamos algunos padres adoptivos, que no podemos guardar silencio. No me deja de sorprender que cuando los happy hablan un grupo de padres les recriminan sus emociones y les hablan de aceptar su origen, de que están ciegos a su herida primaria, etc. Y cuando hablan los otros, surge otro grupo de padres que niegan y rechazan su sentir, niegan el hecho adoptivo, rechazan a la familia biológica, el  dolor del adoptado… Este resumen de formas de sentir, lo sé, es sencillo.

Pero no quiero entrar a más, porque las vivencias, pensamientos y emociones de unos y otros son suyos, son sentires de jóvenes y adultos adoptados con vivencias muy diferentes. No soy adoptada, sencillamente no se que pensaría y sentiría si lo fuese.

Por supuesto, creo que nuestro universo emocional evoluciona y que la vida nos ofrece chispazos que dan luz a zonas en sombras y dejan en penumbra otra. Todos dentro de unos años miraremos nuestra realidad de manera diferente. Este cruce de opiniones me han hecho reflexionar sobre mi función de madre adoptiva en estos momentos.

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Mi hija está entrando en la adolescencia y me doy cuenta que una parte de mi trabajo como madre adoptiva está llegando a su fin.

Durante años he dado espacio y, de cierta manera, voz a la madre biológica de mi hija, a su cultura porque mi intuición me decía que así debía de actuar. He tratado de comprender lo que supone, las consecuencias de ser un niño que ha sufrido malos tratos, que ha perdido sus raíces, que ha sido traído a otra cultura… He luchado por mirar a mi hija como lo que es (sobre esto hablo aquí), sin expectativas, trabajado como he podido mis temores, frustraciones como madre adoptiva. No puedo decir que lo mismo da un hijo adoptado, que uno biológico,  porque tengo muy claro que no es lo mismo.

Sin embargo, ahora, percibo, que tengo que aprender a guardar silencio y dar un paso hacia atrás y ponerme al lado  de mi hija. No debo ya tomar todas las iniciativas. Mi hija es la que debe de empezar a recrear y contarse su propia historia sin mi voz. La que debe indagar en ella misma, sentirse, delimitar sus fronteras, juntar las piezas de su puzle, tomar sus propias decisiones sobre todo esto.

Debo dejar de hacerle de espejo, tan solo cuando me lo pida o intuya que debo hacerlo. Como siempre estoy a su lado, y ahí voy a estar, pero se hace mayor y sus sentimientos hacia su adopción, sus padres biológicos, nosotros… son íntimos, suyos. Sea lo que sea que crea y sienta lo tendré que aceptar. Mi tutela creo que debe ir acabando.

22 marzo, 2016

Una película… El recuerdo de Marnie

Filed under: Adopción, Películas — cuadernoderetazos @ 13:18

 

Emotiva. Emocionante. La historia te va atrapando. Muy misteriosa. Con un final sorprendente. Es preciosa. Así define Flor de Canela esta película anime japonesa, basada en la novela de la escritora británica Joan G. Robinson.

El domingo, en casa,  decidimos buscar una película para verla juntas.  Y después de un buen rato intentando encontrar algo que mereciera la pena esta carátula  nos sedujo..

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Flor de Canela pensaba que era una película de un grupo de amigos y una niña fantasma. Y yo pensaba que era de sirenas.

Ninguna acertamos.

 

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La protagonista, Anna. es una niña triste, con una pena que no sabemos cual es, no tiene amigos, delicada de salud. La relación con su familia es extraña. En verano, sus padres deciden enviarle a Norfolk para quedarse con un  anciano matrimonio. La solitaria niña recorre las dunas cerca del mar y se enamora de una bella mansión.

Nos pilló totalmente por sorpresa. Marnie, la niña amiga y fantasma,  es una niña con padres desapegados que la abandonan  en manos de una niñera y sirvientas detestables. Y Anna en un momento dado grita sollozando  “soy adoptada”.  Lo que pasa a continuación es que nos pusimos a llorar a lágrima viva. Y se acabo la película y los carteles de crédito y seguíamos llorando a mares. Flor de Canela agarrada a un cojín no podía dejar de llorar mientras decía ¡qué bonito¡. Yo a su lado hipando.

Anna descubre cual es la  historia de su familia.   Conoce  porque fue abandonaba y adoptada… logra cerrar el círculo.  Logra entender su historia y encuentra el sosiego, la alegría y, por primera vez, llama a su madre adoptiva mamá. La verdad transforma,  ayuda recolocar las cosas en su sitio.

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No es una película para niños pequeños. Y no se si es o no una buena película sobre adopción, lo que si se que nos ayudó a llorar la pena del angustioso y negro no saber, y el anhelo de comprender, de conocer.

También muestra  las consecuencias del desapego de los padres, que pasa de una generación a otra hasta que alguien es capaz de romper este circulo de sufrimiento. En esta historia es Anna la que rompe la cadena.

Para nosotras una joya de película.

En cuanto a la calidad de los dibujos, estilo, etc… somos unas fans del anime japonés y nos pareció bella de principio a fin.

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Hablan de esta película:

Aleteia

Wikipedia

Filmaffinity

16 marzo, 2016

¡Acéptame como soy mami!

Filed under: Adopción — cuadernoderetazos @ 11:20
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ちず

¿Te gusto? ¿Te parezco guapa? ¿Me quieres mucho? ¿Qué te parece mi pelo? Y si te dicen que te dan oro y diamantes ¿me dejarías?… Y si viene un ladrón y me roba ¿qué harías?… Y si te secuestran y tienes que darme a mi ¿me entregarías?…   ¿Soy buena hija? ¿Te gustaría tener otra hija que no fuera yo?. A veces te tengo una rabia tan grande que te estrujaría hasta que desaparecieras. ¿Lo he hecho bien, mami? ¿Me dejarías?  ¿Crees que soy educada? ¿Te parezco lista? ¡No me riñas mami! Es que me asusto creo que me vas a pegar o… No se mami lo que  me pasa… soy alegre pero tengo tanta tristeza dentro… ¡Ah mami no me dejes nunca¡…  Lo siento mami, lo siento, lo siento… perdóname… Abrázame mucho, he tenido una pesadilla.  ¿Me quieres mucho mami? . ¿Estoy mayor? ¿Seré una buena madre? ¿Lo he hecho bien? ¿Te gusta lo que te he preparado mami?
 

Los decires de una niña

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Cuándo leí,  allá por el 2013, en Buenos Tratos de  José Luis Gonzalez Madorran   esta entrada sobre la aceptación de nuestros hijos se convirtió en una  guía para mi.  Y no solo como guía desde donde relacionarme y  educar a mi hija, sino, también, como guía para mi propio trabajo personal, para mi ciclotímico mundo emocional.  Hoy me apetece traerlo a este cuaderno

 

Os ofrezco este decálogo que he ideado desde la sensación sentida. Dedicado a los niños, niñas, adolescentes adoptados y acogidos.
ちず-1105756-カイ-351.      Acepta mi persona incondicionalmente, con independencia de mis conductas, características, sexo, raza, creencias y forma de ser.
2.      Acepta que los motivos de mi conducta externa no siempre coinciden con las interpretaciones que tú haces. Pregúntame que siento y pienso por dentro para comportarme del modo en el que lo hago y, si no lo sé, ayúdame a tomar conciencia. Escúchame antes de aplicarme ninguna consecuencia. Enséñame calmadamente. Repara tus equivocaciones conmigo.
3.      Acepta que tengo dificultades para aprender y que yo soy el primero que lo sufre aunque a veces me tenga que defender desde la indiferencia o con otro mecanismo de defensa, y que hago lo que puedo.
4.     Acepta que no puedo ser como tú, que soy diferente. Y que muchas veces no puedo alcanzar el nivel de exigencia que tú me marcas.
5.      Acepta que tengo un pasado que muchas veces influye en el presente y prospectivamente en el futuro.
6.      Acepta que pueda tener sentimientos que no te gusten ni agraden como la ira, el odio hacia ti, el temor, la inseguridad… Si los contienes y les das forma y palabra con reflexión, podré ir canalizándolos.
7.      Acepta que como padre y madre has de revisar y reflexionar sobre tu propia historia de apego y el modo en el que te influye a la hora de educarme y vincularte conmigo.
8.      Acepta que mi mente puede no estar bien organizada aún y que me has de ayudar, apoyar y tener mucha paciencia para que pueda estabilizar y organizar adecuadamente muchas de mis buenas intenciones
9.      Acepta que las relaciones sociales me evocan experiencias de vínculos pasados y que no me resultan fáciles porque a veces las puedo querer pero las rechazo porque las temo; otras veces las desprecio porque no conocí lo que es la emoción sentida. Y en otros casos, no sé dirigirme porque no conozco los códigos o entro en caos por mi activación interna o mi desconocimiento de cómo hay que relacionarse.
10.  Acepta que has de volcarte en mí, que no tuve infancia, que me la robaron… Reconoce mi dolor para empatizar no  con el fin de justificarme. Recuerda que si me das un punto de apoyo incondicional el tiempo que lo necesite, transformaré mi mundo y conoceré la resiliencia.
Estos diez principios se encierran en dos: aceptarás (y respetarás) al niño/a sobre todas las cosas y circunstancias y le acompañarás (ni dos pasos por delante de él/ella, ni dos por detrás) en todas las cosas y circunstancias.

11 marzo, 2016

Una día o una semana o un mes malo.

Filed under: Adopción, La vida — cuadernoderetazos @ 10:09
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Lu Jian Jun

A veces las “madres”, también caemos en ese prejuzgarnos de mala manera y solo vemos lo que hacemos mal… ¡qué si la comida no es lo suficientemente sana, ni esta bien preparada!,¡ qué si no dedico suficiente tiempo a la casa, al orden y todo está hecho un asquito!, ¡que si se me ha olvidado esto y lo otro!, ¡que no tengo tiempo para mi misma y estoy hecha un orco! , ¡que  si no he hecho ni caso a mi hija en todo el día!, ¡que si no llego a nada!, ¡que si tendría que llevarla aquí o allá!, ¡que si no soy una…!,  ¡que si…

Por arte de la mala magia, aparecen a nuestro alrededor personas  tóxicas, nos llegan comentarios bordes, grupos en redes sociales poco amigables… que nos hacen dudar de nosotras mismas y echar más lumbre al fuego.

Nos vemos atrapadas por emociones que nos enredan   los pies y nos hacen caer.

En esos momentos, puede pasar que  miramos a nuestros hijos y nos identifiquemos  con ellos, pero  desde sus carencias, tristezas… Puede pasar que nuestras expectativas sobre  nosotras mismas las trasladamos a ellos y vemos su no llegar, sus dificultades, sus lentos progresos… 

Y  empezamos a exigir, gruñir…  la paciencia se vuela lejos y dejamos de ver sus inmensos progresos, su  fuerza y  energía, su individualidad… Aparece el temor por el futuro, por su futuro… empezamos, incluso, a dudar de nuestros sentimientos hacia ellos.

En nuestro descenso a la negrura arrastramos a los que queremos. Y ellos, los niños absorben por ósmosis nuestra impaciencia, nuestras expectativas incumplidas, nuestros juicios de valor y  temores.  Y de pronto están más sensibles y quejosos, las manos se les vuelven  de mantequilla y todo se les cae, aumentan los olvidos, su rebeldía, su silencio, su hacer el payaso para alegrarnos…

Alto. No. No podemos permitirnos  dejarnos resbalar por este tobogán . Bueno, quizás sí. La vida no es lineal. ¿por qué no voy a tener derecho  a tener un mal día o una mala semana, a sentirme cansada, aburrida de las rutinas, agobiada por la responsabilidad,  a que mi vida me repatee, a soñar con huir e irme a París y vivir como una hippy .

Son  mis emociones.

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Tu Zhiwei

No las voy a negar . Voy a hacerles caso, escucharlas con empatía, recordar que las emociones van y vienen. Voy  a mirar qué hay detrás de ellas, qué puedo hacer… decidir si hay que decidir algo o  enfrentarme a algo si es eso lo que pasa, decir basta  o aceptar lo que hay, asumir que de momento no voy a poder…  o tomarnos un descanso si eso es lo que necesitamos… o lo que sea que nos pase.

La que sea de llorar que llore, la que necesite gritar que  grite, la que necesite correr que corra…

Solo una cosa no quiero perder nunca de vista, que mis emociones son mías, yo las vivo, siento y gestiono.   Y no quiero que me confundan y tragiversen  las cosas. No quiero que   llegue a otros mi rabia, intransigencia, desapego, desolación, agresividad, tristeza… o lo que sea. Son mías y no las voy a vomitar sobre nadie. Tampoco quiero coger  las emociones de otros y hacerlas mías.

Pues eso, que una semana mala la tiene cualquiera, que se pasa, que de todo se aprende. 

22 diciembre, 2015

Ejercicio de clase sobre el parto

Filed under: Adopción — cuadernoderetazos @ 16:52

Este es un  ejercicio de clase. Es de sexto de primaria para la asignatura de ciencias sobre el tema del parto. El niño hace esta entrevista a su madre sobre su nacimiento. Nosotras hemos adaptado el cuestionario y donde dice parto, entendemos encuentro.  El ejercicio era para leerlo ante sus compañeros. Y no sé si lo habrá leído, tiene libertad para hacer lo que desee. A la tarde me contará.

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叶 彩

  1. ¿En qué momento empezó el parto? (día y hora) Fue un día de marzo, y empezó cuando sonó el teléfono y una voz me  comunicó que había llegado desde China tu  asignación y me citaron para entregarmela. Aunque la primera  contracción fuerte fue cuando me dieron en un sobre tres fotografías tuyas  junto con tus datos.

  1. ¿Dónde estabas cuando empezó el parto? En la Diputación Foral y tu padre estaba en Barcelona.

  1. ¿En qué lugar fue el parto? En una Oficina del Gobierno chino, en la antigua y bella ciudad de Xiam, a  8979 km. de nuestra casa.

  1. ¿Quién te llevó allí? Un coche me llevó hasta el aeropuerto de Loiu.  Un avión me llevó hasta París. Otro avión me transportó a Beijing. Allí cogí un  tercer avión para llegar a Xiam. Y en el aeropuerto nos recogieron y en una furgoneta nos llevaron a un  edificio gubernamental chino, donde te conocí.

  1. ¿Cómo te sentías? ¿Y el que te llevó? Desde que vi tu cara en las fotos de asignación hasta que pude abrazarte pasaron más de cinco semanas, así que fueron tantas las emociones que sentí  que es imposible recordarlas todas:  estaba nerviosa, tanto que a veces me temblaban las manos y el cuerpo entero, emocionada, asustada, impaciencia por tenerte…  Y sobre todo recuerdo que  sentía una curiosidad testaruda que no me dejaba dormir, ni descansar. Quería  imaginarte y no podía. Quería saber todo sobre ti, dónde vivías, cómo era tu vida, quién te cuidaba, cual era tu historia… Solo tenía preguntas. Así que contratamos en China un servicio especial que fue hasta el orfanato para sacarte dos fotografías y darnos más información. Y enviamos al orfanato una máquina de fotos desechable para que sacaran fotos a todo lo que te rodeaba, a tu vida cotidiana, a las personas y niños que vivían contigo. También  llenamos las redes sociales de adopción en China con mensajes con tus datos, preguntando si alguien en algún sitio te conocía. Y apareció Christie, que vivía en  los  Estados Unidos. Nos contó que su hija te conocía, que era tu compañera en el orfanato, que había cuidado de ti. Y nos envió fotos, muchas fotos donde aparecías muy chiquitina. Mientras  organizábamos todo el papeleo y el viaje  para poder ir a recogerte.  Tu padre callaba, sentía una gran responsabilidad y quería que todo estuviera bien, en orden y no tener problemas para poder traerte cuanto antes a casa.

  1. ¿Estuvo presente el padre? En el momento en que me entregaron tus fotos en la Diputación no estaba. Escucho a través del móvil toda la conversación. Por supuesto que sí estuvo en el viaje hacia ti.

  2. ¿Cuanto duró el parto? Más de cinco semanas,

  3. ¿Las contracciones dolían mucho? ¿pediste la epidural? La espera dolía mucho, mucho. No hay epidural para este dolor. Y lo que pedí fueron muchos  cafés y tés.

  4. ¿Qué sentiste al tener al bebe en brazos? Ni eras un bebé, ni te tuve en brazos. ¿En brazos? ¡Qué más hubiera querido  yo que haberte cogido en brazos! . Cuando por fín te tuve delante, no querías saber nada de mi. Corrías en todas la direcciones, hablando con los adultos chinos, con los otros niños, consolando a los que lloraban y curioseando lo que sucedía. Me ignorabas, como si fuera invisible.  Cuando te vi, lo primero que sentí fue orgullo, me sentí muy orgullosa de ti, una niñita chiquitina, frágil y tiesa como un bambú. Sentí  tranquilidad, desconcierto, responsabilidad, ternura, felicidad… y por supuesto curiosidad. Me seguía preguntando cómo eras, que te gustaría. Y viendo lo poco que yo te  gustaba me preguntaba cómo iba a conseguir que me entendieras, que me aceptaras… que me quisieras. Absorbía cada gesto tuyo, no podía apartar los ojos de tí.

  5. ¿Qué sentías en el momento del parto? Llevaba un embarazo burocrático de dos años y muchos meses. Eso sin contar el tiempo que necesitamos para decidir ser padres adoptivos. Sentí que por fin te iba a tener conmigo. Sentí que eras mi hija y que por ti era capaz de hacer cualquier cosa.

  6. ¿Cómo reaccionó el padre? Maravillosamente bien.

11 diciembre, 2015

¡Me miran!

Filed under: Adopción, Fotografía — cuadernoderetazos @ 16:08

 

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Flor de Canela, a veces, se queja de que la miran y no quiere sentirse mirada. Quiere pasar desapercibida.  Le molestan esos ojos anónimos que le miran con descaro, sin cortesía, con curiosidad, con amabilidad… le hace, entre otras cosas más complejas,  sentirse insegura. Ahora no me tiene a mí como escudo protector todo el tiempo. Está camino de la adolescencia, aparecen emociones nuevas. Y ese sentirse mirada puede despertar  desasosiego.

Antes le quitaba importancia. Somos mirones, nos gusta mirar a los otros por aburrimiento, por curiosidad… a veces miramos y no nos damos cuenta de que miramos. Te miran porque eres diferente.

Un día una amiga mía le dijo: Imaginaciones tuyas. No será para tanto. ¿Por qué te van a mirar?… Además  ¿Qué importa si te miran?.

Y me molestó esta forma de abordar lo que siente Flor de Canela,  porque Flor de Canela tiene razón. La miran.  ¿Por qué nos cuesta  validar las emociones de los otros? El negar o quitar importancia a algo que vives y sientes, no lo deshace en el aire, no ayuda… más bien al contrario.

El pensamiento que hay al final de ese mirar  puede ser muy variado. Puede ser un pensamiento indiferente, muerto, amable, dañino… Da igual el tono de la mirada. Molesta y, a veces,  mucho. En ocasiones, hasta a mi me molesta  y he llegado a cortar ese mirar  con otra mirada.

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Tienes razón hija, te miran más que a otros porque eres china, eres diferente a la mayoría. Llamas la atención, como llama la atención el negro, el gordo, la mujer calva, el que va en silla de ruedas…  Tu también les miras ¿a que si? No me extraña que te moleste tanta miradita. Es de mala educación mirar con esa fijeza a alguien, así  me decían a mí de pequeña, cuando me quedaba mirando fijamente a alguien.  Y te van a seguir mirando. Vayas donde vayas, vas a sentir ese mirar… No sé si uno se llega a acostumbrar a la curiosidad   ajena. Molesta… y, a veces, mucho. Pero es así y hay que aprender a  aceptarlo. No queda otra. Y quizás, en algún momento,  hasta te haga gracia o tenga algo de bueno… ¡ya, ya se que esto parece imposible¡. Sin embargo, nunca se sabe. Si quieres pasar desapercibida tendrás que irte a algún país asiático. Allí a los que nos mirarían serían a tu padre y a mí.

Me encantaría ver eso, así sabrías lo que se siente.

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Model: Hyun Ji Shin (IMG)
Editorial: Frost Feathers
Magazine: Models.com, November 2015
Photographer: Mikael Schulz
Stylist: Rebecca Palmer
Hair: Erika Svedjevik
Makeup: Kajsa Svanberg

19 noviembre, 2015

¿Verano?

Filed under: Adopción, Familia — cuadernoderetazos @ 13:17

Si, fue a  finales del verano, en septiembre, cuando Flor de Canela con mi discreta colaboración preparó una encerrona a su padre. Una pelea de agua donde vale todo, sin  tregua, ni cuartel, sin consideraciones, ni miramientos… Sus peleas son memorables. Desde los tres años  padre e hija se han venido enzarzandose en peleas donde vale todo menos  rendirse,  donde la hija no se reserva  nada, donde va a por todas con toda su alma. Fuerza bruta a la que   poco a poco ha ido añadiendo habilidad y picardía.   En estas peleas desaparezco. Ellos tienen sus códigos.

Se necesita poco para organizar una inolvidable pelea. Dos buenas pistolas de agua, un espacio abierto con  mullida hierba,  una fuente y una hora de esas en que todo está desierto, las 15:00 por ejemplo… con esto es suficiente.

Los  juegos de peleas   padre e hija  han ayudado a mejorar , sin pretenderlo, unas cuantas cosas como la confianza y empatía o la tolerancia a la frustración. A nadie le gusta perder, pero para algunos el perder tiene un valor  añadido,  que remueve algo por ahí adentro y que nos enfrenta  algunos duendes maléficos: dificultades para autorregularse y controlar las emociones (ira, tristeza, miedo…),  impulsividad, baja capacidad de flexibilidad y adaptabilidad, escaso amor y paciencia consigo mismo…

Poco a poco los malos entendidos, disgustos   y enfados de antes,  se han transformado  en complicidad,  risas y abrazos.

Y seguimos aprendiendo los unos de los otros.

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4 noviembre, 2015

Tiempo normal y corriente

Filed under: Adopción, Familia — cuadernoderetazos @ 10:26

Flor de Canela necesita a su padre como cualquier niño. Necesita pasar tiempo, mucho tiempo con él. No hablo de ese concepto, casi mítico, de “tiempo de calidad” del que todos se empeñan en hablar y que me da urticaria por lo vanal y engañoso que es.

No, no queremos tiempo de calidad.

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Flor de Canela  necesita tiempo a secas. Tiempo del normal y corriente.

Tiempo para escuchar a su padre deambular por casa haciendo sus cosas y aburrirse de verlo en todas partes y que sus manías la desquicien, tiempo  para desencuentros, tiempo para reencontrarse y reconciliarse.   Tiempo  para olvidarse el uno del otro, porque cada uno anda inmerso en su mundo,  sintiendo la presencia del otro muy cerca. Tiempo tanto para divertirse como para aburrirse y compartir rutinas, bromas,  tonterías, cenas y comidas, catarros,  sorpresas de la vida,  disgustillos  cotidianos , el maravilloso viernes, trasnochar los sábados, pensamientos a “vuela pluma”…

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Queremos tiempo  normal y corriente, sin calidad y que las familias que están juntas cada día comparten y disfrutan sin saberlo y, quizás,  por ello sin valorarlo… esas  familias donde todos  duermen en casa cada noche. Tiempo para  convivir.

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Mi hija necesita  tiempo sencillo de ese tipo de tiempo en que uno es lo que es, sin hacer nada especial, ocupando su espacio, compartiendo sin  más  el aquí estamos juntos, cada uno a lo suyo, estando y existiendo.

El trabajo de JR, cada vez más exigente, nos impide tener ese tiempo “sin calidad”. También yo necesito ese tiempo  silencioso  de compartir sofá, chocarnos en la cocina, tiempo de roce donde las manías de cada uno nos acaban alterando hasta acabar discutiendo… ese tiempo que prepara esos momentos más personales y  abre las puertas a los momentos especiales.

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Es lo que hay. Cuando JR está en casa, procuro respetar ese tiempo dulce y vacío de lo cotidiano, dejarlos a solas. Y por supuesto, también, me retiro para que disfruten de sus tiempos de   intimidad, de risas, de confidencias, de juego… tiempo para sus cosas privadas, cosas de padre e hija, donde yo no tengo cabida.

Sin embargo, estoy convencida que es ese otro tiempo,  al que nadie parece prestar atención,  donde uno conoce al otro, donde se cimienta una  relación única y biunívoca.

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